Soltar.

Hola. Este post seguramente va con un poco de retraso. Pero… Es relativo, en realidad, ya que no es esperado. Los domingos suelo publicar… Quizás llegue a tiempo, (estoy escribiendo el domingo)… Quizás no. Estoy en el avión de regreso a casa, bueno, casi. Ayer volé desde Buenos Aires a Ámsterdam, y ahora de Ámsterdam a Alicante. Luego ya iré a Torrevieja, el trocito de tierra y mar que me sostiene ahora.

Éste es un capítulo muy personal, pero quiero compartirlo. Quizás puede servir a alguien, brindar consuelo, o algo. Lo que sea que aporte, ya merece la pena. 

La cosa es que, mi mamá falleció la semana pasada. Lo pienso, lo digo, lo escribo, y aún no me lo creo. No sé si alguna vez lo crees, para mí siempre estará. Cierto es que viviendo lejos tantos años, la distancia, hace que los vínculos estén más difuminados, siguen siendo fuertes pero no vienen alimentados de lo cotidiano. Quizás por eso parece más fácil despedirse…

Mamá

Mamá empezó a encontrarse mal y la ingresaron. Tenía muy bajitos los glóbulos rojos, y los blancos se habían disparado debido a su leucemia. Estuve angustiada pensando en si se iba y yo no me despedía, iba a ser mucho más doloroso. Luego, cuando empezó a estar mejor, (gracias a todos los que donaron sangre), parecía que se iba a casa, le encontraron una manchita en un pulmón. La aislaron por Covid. Ese día fue muy angustioso. Tan sólo imaginarla sola, en un cuarto, nos partía el corazón. 

Por suerte el Covid fue descartado al día siguiente y mis hermanos pudieron ir a verla. Pero la manchita en el pulmón resultó ser neumonía bilateral, y empezaron a suministrarles antibióticos (y abrazos), y todos tuvimos esperanza. Yo esperé, pensando que salía adelante. Esperé un poquito, porque no tuve la fuerza de volar inmediatamente, porque no podía acomodar la idea, porque me encuentro cansada, porque llevo dos años de muchos cambios y mucho agotamiento, y por mi fuerte sentimiento de responsabilidad ante el trabajo. Quizás fui egoísta. No importa ahora. La culpa igual es una idiotez, ya que no construye nada. Y ese jueves a mediodía (la mañana en Argentina), recibí la noticia de que se marchó durmiendo. A mí las palabras que me vinieron fueron: “Mamá ya soltó”. 

Luego del estallido de llanto, uno sigue con sus cosas, y ya piensa en volar para poder despedirse, verla una última vez. Así fue que el viernes siguiente volé, Alicante-Ámsterdam-Buenos Aires, me reencontré con mi hermano, y por la noche con mi hermana, y pudimos pasar a darle el adiós. 

Fue un shock al principio, verla recostada, fría, chiquitita. Con su atuendo blanco, que parecía expandirse por acción de la respiración. Era como si durmiera. Pude hablarle, agarrarle las manitas, besar su frente. Agradecerle, perdonarle y perdonarme. Y hasta tocar sus mejillas que seguían siendo blanditas. Quizás eché de menos el verde y la chispa de sus ojos. 

Mamá. Siempre será mamá, y pasarán los días, semanas, meses, años… E iré encontrando sentido a esta experiencia, iré decantando estas emociones encontradas que hoy no puedo colocar. No tengo ni idea de cómo estoy. Sólo me consuela saber que soltó. Que ya no tiene nada que sostener. 

Después de verla aquel sábado a la noche, el domingo por la mañana hicimos el responso y despedida. Las palabras del sacerdote fueron acertadas. Nos instaron a recordarla con alegría, con sus cosas, sus peculiaridades, sus canciones con letras inventadas… Canciones en idiomas cuya lógica sólo ella comprendía pero que nos hacía cómplices, y que fueron el lenguaje que nos rescató el último tiempo de su existencia, sus últimos años, con su deterioro cognitivo. No se podía seguir una conversación sólo se podía cantar, jugar y hablar idiomas inventados. 

Bendito sea el juego, lo lúdico, que nos rescata. (Hace no mucho escribí sobre la importancia de jugar; en nuestra familia fue vital).

Ese domingo, después de las palabras del sacerdote y la bendición, rodeados de algunos amigos y familia, le cantamos una canción, una de sus favoritas, “Venecia sin ti”, y la dejamos partir. Tenemos el sueño de esparcir las cenizas juntos los tres hermanos, quizás en Florencia, que le encantaba. 

Siempre será agridulce, como todo lo que veo actualmente. La belleza que reside en la tristeza (es seguramente mi próximo post). Como una bella canción triste y melancólica, Buenos Aires lloraba ese día, cuando mamá soltó. 

Y yo quería compartir esto, ya que, como ven/veis, esto no es un blog de Gimnasia Hipopresiva solamente, ni de fitness, ni de ponerse en forma… Este es para mí un espacio humano, y cada vez me doy más cuenta, que no somos nada sin los humanos que nos rodean, cada célula es necesaria, cada uno nos aporta algo. 

Me parece relevante de todo lo que mencionó el sacerdote, cuando se refirió al Padre Nuestro y dijo “no nos dejes caer en la tentación”, aclaró: “No nos dejes caer en la tentación de encerrarnos, entristecernos sin remedio, deprimirnos, cerrarnos a la vida”. Esto me parece de vital importancia, nunca mejor dicho. 

Si te pasa, algo así, o al menos transitas ahora algo agridulce, sabes que puedes contar con tus semejantes. Sabes que siempre estará la música, los colores, y, no me lo tomes a mal, el deporte, o simplemente mover el cuerpo de cualquier forma, sin reglas ni equipación especial. Mover el cuerpo transmuta totalmente el estado emocional; es un gran salvavidas. 

Yo sé que iré acomodando lo vivido. Ahora mismo se me agolpan imágenes inconexas y las lágrimas brotan pero se detienen en los ojos. Yo sé que el lunes llega y tengo mucho trabajo, y el martes también. Pero no pasa del miércoles que estoy entrenando, agarrándome a mi salvavidas, otra vez.

Y para terminar, como en una charla de amigos, te digo: vive. Aférrate al amor, a las personas lindas, a lo que te gusta hacer. Celebra cada día porque es un suspiro. Y ten por seguro que el capítulo que escribas cambiará vidas, todo está relacionado. El mundo te necesita aquí, te necesita vivo, viva, en movimiento, feliz, triste, agridulce, cantando, bailando, llorando, abrazando, riendo… ¡Vivo! ¡Viva!

Hasta que llegue el turno de soltar

8 comentarios en “Soltar.”

  1. Lucila Rebaque

    Solange,
    Solo te he visto una vez… No importa. Las emociones son universales y te aseguro que yo, conociéndote muy poquito, he empatizado al máximo con tus palabras, tan bonitas, tan auténticas… Yo creo mucho en el valor imprescindible de la la sensibilidad, tan ausente, por desgracia con frecuencia. Aquí entre tus líneas, la sensibilidad se derrama por las esquinas. Enhorabuena por tu forma de compartir y procesar tu duelo, que espero dure lo justo y necesario. Sin duda, lo hará dada la vía que has elegido de compartir su peso son el mundo. Un abrazo

  2. Conmovedoras tus palabras y tu manera de compartir este momento tan especial. Agradezco a la vida haber podido tener a tu mami en mi Taller de Canto y a la vuelta, saber que sus cantos estuvieron tan presentes en esta última etapa…sin su amor de madre que me pidió te tomara como alumna tampoco nos hubiéramos conocido…la vida es un círculo y se cierra te vuelve a empezar a la girar…sigamos por ese camino. Un abrazo muy fuerte y cariñoso.A

    1. Gracias Ariel, no me acordaba de eso, tengo una memoria bastante terrible, pero qué bonito círculo. Mamá siempre cantaba 🙂 Abrazos

  3. Es hermoso ver como transformas el dolor en un bálsamo rejuvenecedor del alma….como que el espíritu alegre de tu mamá se apodera de vos y hace que escribas esto que nos hace bien a todos. Gracias Solange

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.