Tenerife “special”

Acabo de pasar cuatro días en Tenerife que han sido excepcionales. Bueno, cinco contando los traslados.

Ya había estado en la isla, aunque de gira con un musical, lo que también me permitió disfrutarla, claro. Pero esta vez, de aventura total.

Volamos el viernes 11, Alicante-Tenerife, alquilamos un coche y al hostal. No sabíamos ni dónde estaba. Y esa es la maravilla de no saber, que descubrimos sitios increíbles. Además de la cervecita frente al mar, que siempre es un plus, descubrir el Charco de La Laja bajo la luz del atardecer auguraba un hermoso viaje. Mis ojos no cabían en las órbitas de tanta belleza (en un ratito pongo fotos). El charco es una inmensa poza costera de roca volcánica, y, teñida de rojo y dorado, es un milagro. Ese día terminó con compra de víveres y rica cena canaria en terraza, pero por supuesto que decidimos al día siguiente pegarnos un chapuzón el el Charco.

Arrancamos el sábado allí, a las 7:20 am, viendo amanecer. Los colores no eran los mismos, pero la magia, sí. Chapoteamos y volvimos al hostal a desayunar. Y por supuesto, hice unos hipopresivos que me vinieron bien ya que llevaba dos días con la panza inflamada (no sé aún la causa de esta inflamación globo que me sucede a veces). Después de desayunar, emprendimos aventura hacia Masca. Un pueblo de montaña hermoso, verde a más no poder, biodiversidad de fiesta, y pocas casas de piedra, coronadas por bonitos bares con terrazas que se descolgaban al verde, y al irregular horizonte montañoso. Allí cayeron tanto el barraquito (café delicioso, con leche condensada, espuma de leche, licor 43 y limón) y tarta de cactus (sí; leíste bien-) Una especie de mouse fucsia hecha con el fruto del cactus, sobre un crunch delicioso. Menos mal que hice un poco de Hypo Gym por la mañana; mi panza ya estaba desinflada, para disfrutar del café con postre.

Seguimos hasta el siguiente punto: mirador y playa de arena negra. Un poco más de Hypo Gym y sigo creciendo y desintegrando la inflamación. Ahí sobre la marcha decidimos embarcarnos a ver delfines. Así que corrimos al puerto (antes me compré un pantalón verde brillante; sí. No viene al caso pero quería rodar vídeo en la isla y no tenía más que ropa de Dora la exploradora).

Justo a tiempo encontramos un barco pirata que nos llevaría a ver delfines. Una maravilla, el Flipper Uno, con una tripulación divertidísima. Navegamos entre Los Gigantes (los acantilados enormes que se encuentran al oeste de la isla). Vimos delfines, bailamos y bebimos. Y luego nos tiramos con tirolina a nadar al mar. ¿Se puede pedir más?

Terminamos tomando café frente al mar, cómo no, y me compré una blusa (también verde y colorinchi) para ir a juego con los pantalones. Tanto color en la isla se contagia. Me di cuenta de que no tenía nada de maquillaje y me fui a Mercadona (claro está) a por rimmel, polvo compacto y labial. ¡Lista para rodar!

Al otro día nos tocaba madrugar para subir el Teide, así que cenita en el hostal y temprano a dormir.

El tercer día, subida al Teide. En pie a las 4:15, desayuno, y una hora de conducción hasta la base. Un camino chungo de montaña y todo oscuro, claro. Arrancamos a caminar, muy mal preparados, a las 6:30. Vimos el amanecer de camino, y realmente fue muy bonito. Las primeras horas de caminata iban bien. Pero el frío y viento eran cada vez más insistentes. La última hora de caminata cuesta arriba fue dura. Ya no dábamos más, especialmente por el frío y el viento. No sentíamos la cara ni las manos. Y no llegábamos nunca. El viento daba miedo, parecía que te volabas. Por suerte soplaba contra las rocas, y subimos los últimos metros a cuatro patas. Yo no podía hablar de lo congelada que tenía la cara; hablaba como Rocky Balboa (y mi hermana hermosa que me hace reír tanto, cuando le cuento esto me dice, “cortame el párpado”; no me pude reír más). Es un show ver las fotos. Las del inicio, puras sonrisas. Las de la cima, caras desencajadas. Ni una foto de Hypo Gym. Jajjaja.

Pero sí el consejo Hypo Gym: siempre, siempre, muy pendiente de la pisada. Compensando cualquier traspiés. Faja abdominal y suelo pélvico activos. Todo el tiempo. Escápulas decoaptadas. Tirando la musculatura en direcciones opuestas para descomprimir las vértebras. En la subida, foco en los glúteos, que se lleven todo el peso. En la bajada, también difícil, sobre todo para las rodillas, bajar el centro de gravedad y caminar como haciendo sentadillas. Gracioso, sí. Y también más seguro.

Este día duro (ocho horas caminadas, 34.225 pasos, viento horrible, frío y desesperación), lo coronamos con cena riquísima en un restaurante en el pueblo más silencioso que jamás haya visitado: Vilaflor. Eso sí; un pueblo donde no hay nada de hypo gym; todo el mundo con chepa, y yo, sufriendo.

El hotel en Vilaflor era precioso. Una casa de pueblo, decorada bonita. Empezó el rodaje: no pude resistir la habitación. Hice vídeo para una canción que estrenaré en breve. Antes bajamos a desayunar. El señor del hotel (un ruso muy cabezón, no por el tamaño de la cabeza sino por lo insistente), me quería vender el desayuno continental a la fuerza. Y yo, sólo café. Que no puedo comer si no tengo hambre. ¿No lo entienden?

Fuimos a ver el Arco de Tajao, hicimos fotos y luego fuimos a la playa: Las Tejitas. Una playa vasta, con zonas nudistas, o mejor dicho, nudistas por zonas. Había nidos de piedras donde los nudistas hacían base. Hermosa, tranquila, y, una vez más, silenciosa. Después fuimos a conocer el pueblo fantasma. La Leprosería de Abades, construída para alojar leprosos en la posguerra, y que nunca fue utilizada. Edificios en ruinas con mucho arte y el mar de fondo. Por supuesto, tocó rodaje. Y algunas fotos para Hypo Gym, claro.

Y ya el último día, recorrimos Santa Cruz de Tenerife por la mañana, y luego, al aeropuerto.

No quería dejar de compartir brevemente la experiencia, y sobre todo, compartir la inmensa energía de la isla. Mucha fuerza, belleza, poder. Una belleza salvaje, que lo inunda todo sin pedir permiso. Todo es voluptuoso y creo que te conecta rápidamente con tu Ser.

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