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Gimnasia Hipopresiva

Gimnasia HipopresivaGimnasia Hipopresiva - DOCUMENTACION Y ARTICULOS

TECNICAS HIPOPRESIVAS, UN CAMBIO DE PARADIGMA EN EL

ENTRENAMIENTO ABDOMINAL

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Autores: Piti Pinsach 1; Tamara Rial 2; Iván Chulvi-Medrano3; Marcel Caufriez 4; Juan Carlos
Fernandez 5; Isabelle Devroux 6; Ketty Ruiz 7.

Afiliación:
1 Profesor de la Organización Internacional de Neuromyostatica, D.E.A. Morfología Médica.
2 Grupo de Investigación HI20. Universidad de Vigo.
3 Doctorando en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (Universidad Valencia). Director técnico
NOWYOU.
4 Universitat Gimbernat de Barcelona .
5 Universitat Illes Balears.
6 Diana Athletic Club – Laboratorio de Ecofisiología de Mallorca.
7 Hospital Son Dureta.

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses. El desarrollo del trabajo se ha realizado sin financiación.

Resumen.
El fortalecimiento de la región lumbo-abdominal resulta de gran importancia para afrontar sin
riesgos las tareas diarias y las actividades laborales. Su correcta aptitud muscular parece reducir
el dolor de espalda y el riesgo de padecer ciertos tipos de lesión. Recientemente, este paradigma
ha sido rebatido, en función de la posible eficacia y transferencia de los ejercicios propuestos así
como el riesgo para el suelo pélvico. Bajo estas consideraciones han sido propuestas las
técnicas hipopresivas como una alternativa eficaz y segura. Este artículo examina los hallazgos
originales y los fundamentos que rigen la gimnasia hipopresiva.



La comunidad fisioterapéutica sugiere, desde hace años, la necesidad de un cambio en los métodos de entrenamiento de la musculatura abdominal (Valancogne, Caufriez, Gasquet, Gullarme, y Dumont, 2001). Esta necesidad está fundamentada y corroborada por los recientes resultados de investigaciones del campo de la fisioterapia que estudian diversos factores anatómico-funcionales, fisiológicos o neurológicos que afectan a la unidad abdóminodiafragmática y que apuntan hacia un cambio del modelo paradigmático en el fortalecimiento
abdominal (Caufriez, 2010).
Fruto de esta necesidad surgen las Técnicas Hipopresivas (TH), creadas por el doctor Marcel Caufriez y orientadas al ámbito de la recuperación post-parto. Estas técnicas engloban las que el propio creador llama Gimnasia Abdominal Hipopresiva (GAH). Los beneficios reportados por estos ejercicios físicos durante el puerperio (Esparza, 2007) apuntan a que pueden ser considerados como un referente para adaptar estas GAH al ámbito de la actividad
física saludable como método preventivo, de logros estéticos y de tonificación. La evolución sufrida en los métodos de entrenamiento abdominal en estos años es evidente e innegable, desde los métodos tradicionales de elevaciones de pierna en decúbito supino y flexiones dinámicas de tronco, (Fig. 1) a los trabajos isométricos de estabilización (Fig.2), a las técnicas de enfatización y activación de transverso en Pilates, el entrenamiento funcional realizado sobre dispositivos inestables, y actualmente, la propuesta de GAH (Fig. 3). Flexión de tronco dinámica Plancha lateral isométrica Ejercicio hipopresivo

 

 

Gimnasia Hipopresiva

Flexion de Tronco Dinamica

Gimnasia Hipopresiva

Plancha lateral isometrica

 

Gimnasia Hipopresiva

Ejercicio Hipopresivo


Cuando se revisa la literatura científica disponible se pueden encontrar comunicaciones que apuntan hacia la ineficacia de los ejercicios abdominales tradicionales como la elevación de tronco, de cadera o ambos, estando en decúbito supino (Pintar et al, 2009). De forma añadida, también existen estudios que sugieren cierto nivel de riesgo, para la región del suelo pélvico, cuando son ejecutados dichos ejercicios abdominales (Valancogne et al., 2001). En este sentido Valancogne et al. (2001) apuntan, como factor muy importante de riesgo perineal para la mujer, a los ejercicios abdominales tradicionales y a las demás prácticas físicas que provocan un aumento importante de la presión intraabdominal. Por tanto, puede ser hipotetizado que éstos son los responsables del aumento de la capacidad de distensión de la faja abdominal, ante una misma carga (presión) impuesta, de manera que hay un factor de relajación asociado y éste, probablemente, podría ser debido al incremento de la presión intraabdominal. Por último, recientemente, está siendo analizado de una forma crítica la excesiva confianza en el entrenamiento con carácter estabilizador, poniendo en tela de juicio su total eficacia tal y como ha sido publicitado en la última década (Fowles, 2010; Lederman, 2010).

Efectos no deseables de la realización de los ejercicios abdominales tradicionales

Aunque resultan escasos los estudios, en ocasiones, los ejercicios abdominales no son eficaces tal y como concluye un reciente estudio (Pintar et al., 2009) en el que investigan sobre la eficacia de los ejercicios abdominales. Este ensayo se llevó a cabo en un grupo de 71 sujetos durante 11 semanas, divididos en dos grupos, en el que uno realizaba ejercicios abdominales 3 días a la semana y el otro 6, no se encontraron mejoras significativas en ninguno de los aspectos ya mencionados. Los ejercicios estaban basados en las recomendaciones de la National Strength Conditioning Association y consistían en 3 series de 20 repeticiones en 6 ejercicios abdominales
clásicos diferentes.

Además de la posible ineficacia en algunos casos, diversos estudios se han centrado en la potencialidad lesiva de los ejercicios clásicos de abdominales. En esta línea, se ha estudiado la incidencia de los abdominales clásicos sobre el tono de base del tejido músculo-conjuntivo del suelo pélvico en un grupo de primíparas en el postparto (Caufrier et al, 2007). Este grupo de sujetos realizaron sesiones de ejercicios abdominales clásicos durante 6 semanas, tras la intervención, los resultados fueron concluyentes indicando que, después de la realización del programa, el tono de base del tejido músculo-conjuntivo del suelo pélvico, valorado con tonimetría perineal y representado mediante el denominado Índice Inercial de Inercia (I.I.I.), que correspondería al Índice de Rigidez (IR) o grado de resistencia en el primer grado de estiramiento, era inferior (con una disminución media de un 32,7%) al que presentaban en el pretest.

Estos datos sugieren que los ejercicios abdominales son los responsables de la disminución de dicho IR y por tanto de un aumento de la capacidad de distensión del tejido músculo conjuntivo del suelo pélvico. Esta sugerencia había sido realizada anteriormente tras la valoración, mediante el uso de la resonancia electromagnética, que desvela la movilidad en el sentido del estiramiento del suelo pélvico durante el esfuerzo abdominal (Eguare, et al. 2004;
Lienemann and Fischer 2003). Este fenómeno se había ratificado previamente sobre mujeres que no habían dado a luz, en un estudio previo en el que se demuestra que la práctica de este tipo de ejercicios abdominales realizados sobre nulíparas (es decir sin la presencia de ese posible factor de relajación que podría ser el parto) produce una disminución media del 20% del tono de base del suelo pélvico (Caufriez, 1998).

La carga repetida sobre la musculatura perineal, asociada a aumentos frecuentes de presión abdominal, tiende a producir alteraciones en la composición de algunos músculos, tal como la reducción del número de fibras tipo I observada en el músculo elevador del ano (Jozwik, 1993)

Otro aspecto que apunta hacia la potencialidad lesiva sobre el suelo pélvico es la contrastada relación entre incontinencia urinaria de esfuerzo y ejercicio físico (Jolleys, 1988; Bo, et al., 1989; Bo, 1995; Nydgaard, 1990; Grosse, 2001). En esta relación resultan claves las variables de actividad deportiva practicada, la frecuencia y la intensidad de la misma. En general, todos aquellos deportes que provoquen un aumento importante de la presión intraabdominal, suponen un potencial factor de riesgo perineal, que estará en función del estado del suelo pélvico. Entre las actividades que mayores niveles de presión intrabdominal generan (valores superiores a 110 mm de Hg) destacan según Valancogne et al., 2001: a) los ejercicios abdominales clásicos (Nygaard, 1990; Ladavid and Caufriez, 1993); b) el atletismo; c) el baloncesto; d) el aeróbic; e) el tenis con. En sentido opuesto, la natación y el ciclismo son los que menor presión abdominal generan (Valancogne et al., 2001).

Trabajos descriptivos como el publicado por Gavaldá and Del Valle (2001) demuestran como la prevalencia de la incontinencia urinaria en mujeres deportistas comparado con mujeres sedentarias resulta significativamente mayor, 31.42% frente a 2.85% respectivamente. En un estudio anterior, Elleuch, et al. (1998) evaluaron 105 alumnas de educación física, con una media edad de 21 años que practicaban deporte de competición, encontrando que el 62,8% presentaba incontinencia urinaria de esfuerzo relacionada con las actividades deportivas.

En base a lo anteriormente expuesto, diversos autores coinciden en señalar la peligrosidad de los ejercicios abdominales, en esta línea se encuentra Amostegui que cita textualmente: “Entre los factores etiológicos se considera, como el más importante, el aumento de la presión intraabdominal por la mala práctica deportiva o el ejercicio abusivo de abdominales, situación que va a incidir sobre el suelo pélvico, provocando la degradación progresiva del mismo y haciéndolo incompetente para la función de continencia” (Amostegui, 1999). Sin
embargo, es cierto que, como apunta Prather (2000) estas disfunciones del suelo pélvico son raramente expuestas en artículos de la literatura deportiva.
Así pues, puede ser concluido que la ejecución de abdominales clásicos incrementan la presión intraabdominal (Nygaard, 1990; Ladavid and Caufriez, 1993; Sapsford and Hodges, 2001; Valancogne et al., 2001).

Faja abdominal, tono muscular, hiperpresión y periné.
La gestión de la presión es la clave para evitar patologías del periné y pérdida de tono de la faja abdominal. En esta línea, Caufriez observó en 1987 que las variaciones de presión abdominal causadas por un mismo esfuerzo, no sólo no son iguales en diferentes personas sino que presentan una horquilla que muestra una variación del 400%. Esto se demuestra aun a pesar de mantener constantes el resto de variables que podrían influir sobre la misma (tipo de
esfuerzo, resistencia de las vías respiratorias, situación postural del individuo y factores morfológicos individuales), de modo que hay diferencias muy significativas en lo que él denomina gestión de la presión durante el esfuerzo (Caufriez, 2010). Para una mejor comprensión de la gestión de la presión durante un esfuerzo, conviene hacer un recordatorio anatomofisiológico del suelo pélvico desde un punto de vista funcional. El periné forma parte del Espacio Manométrico Abdominal (EMA) definido como el espacio delimitado por paredes osteoarticulares y musculoaponeuróticas con densidades y resistencias diferentes y en el que por definición, la presión existente en el interior de la cavidad se considera nula en reposo. Los límites de la cavidad abdominal manométrica son el diafragma torácico en su parte superior, el diafragma pélvico en su parte inferior, la pared abdominal en la parte
anterior y lateral y la columna lumbar en la pared posterior. Durante un esfuerzo y aunque las variaciones de presiones son idénticas en todo el EMA, los vectores de presión resultantes no son idénticos en cualquier punto de la cavidad manométrica abdominal debido a la diferente densidad y resistencia de sus paredes (Martínez et al., 2004).

La hiperpresión abdominal generada por esfuerzo constituye una fuerza vertical dirigida de arriba abajo. En el momento de la contracción de la base del compartimento abdominal, el suelo pélvico crea una tracción hacia arriba y adelante. La simultaneidad de ambas crea un fenómeno de cizallamiento que desplaza la hiperpresión abdominal hacia abajo y atrás (Fig 4).


Gimnasia Hipopresiva

(Rial, 2010): Representación gráfica de las fuerzas de tracción y cizallamiento que
afectan al suelo pélvico durante un esfuerzo de hiperpresión abdominal.


En el caso de una faja abdominal competente y de una lordosis lumbar fisiológica, un aumento de la presión intrabdominal provoca vectores de fuerza resultantes en dirección a la región abdominal, la zona posterior del periné y el sacro. Sin embargo, si la faja abdominal está hipotónica o existe una hiperlordosis lumbar, se produce un desplazamiento anterior de la línea umbilico-pubiana, con el resultado de una hipertransmisión de vectores resultantes hacia la región del periné anterior (Fig. 5). Esto hará que el periné vaya perdiendo progresivamente capacidad de sostén de los órganos pélvicos. Este mecanismo favorece la hipotonía de la musculatura del suelo pélvico, la aparición de prolapsos pélvicos y un problema de incontinencia urinaria potencial (Caufriez, 2010).

Gimnasia Hipopresiva

(Fig. 5) Martínez et al. (2004): Transmisión de los vectores de fuerza resultantes de una
hiperpresión abdominal.


Caufriez, (1993) confirma el papel amortiguador que ejerce el suelo pélvico ante los aumentos de presión abdominal, destacando que, en función del tono de la faja abdominal, se ofrecerá mayor resistencia al estiramiento. Cuando hay un aumento de presión en la cavidad manométrica abdominal no existe una dirección de presión sino que algunas paredes, las más débiles, pueden ceder por este aumento (Caufrier, 2010). Es lo que él denomina disminución de las fuerzas de cohesión y les atribuye la gran parte de responsabilidad en las hernias vaginales, abdominales, etc. Así pues, Grosse and Sengler (2001) mencionan que la fuerza se desplaza a
la zona anterior que es donde se encuentran vagina y uretra aumentando el riesgo de prolapsos e incontinencia.


A todo los anteriormente comentado se une el estado del diafragma torácico (Fig. 6), puesto que su hipertonicidad aumenta la mencionada hiperpresión abdominal. Autores como Nichols and Milley (1978) indican que la ausencia de un trabajo específico para los músculos del pavimento pélvico, la carga repetida sobre la musculatura perineal, asociada a aumentos frecuentes de presión intra-abdominal tiende a reducir la eficacia mecánica del ligamento cardinal.

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(Fig. 6) Hiperpresión del diafragma torácico (Meldaña , 2004).


Además de los puntos señalados, conviene tener en consideración la relación directa que tiene la reducción del perímetro de la cintura (objetivo muy probablemente deseado por un buen número de personas que realizan ejercicios abdominales) con el tono muscular de reposo de la faja abdominal. Para una mejor comprensión, Caufriez (2010) clarifica esta relación directa: El tono muscular puede ser definido de forma general por la resistencia pasiva que oponen al estiramiento los tejidos que constituyen el músculo. En el plano estrictamente muscular, el tono muscular tiene dos componentes neuro-mecánicos unidos a la histoquímica muscular (Wilmore and Costill, 2001):


1) El tono tónico está asociado a la actividad postural de reposo de las fibras I (actividad neuronal γs). En reposo un número limitado de fibras I están contraídas de manera no voluntaria o inconsciente; en actividad, el reclutamiento postural de estas fibras aumenta (coactivación αs-γs).


2) El tono fásico está asociado al trofismo neuronal de las fibras II. En reposo estas fibras no están activadas, el reclutamiento espacial se efectúa durante el esfuerzo (coactivación αf-γf) o involuntariamente por reflejos (reflejo miotático). Las funciones de un músculo vienen determinadas por la histoquímica de las fibras que lo constituyen y por su morfología macroscópica. Según estos criterios, los músculos estriados se pueden clasificar en tres tipos (Kamina, 1997; Wilmore and Costill, 2001):

a) Músculos parietales, constituidos por una mayoría de fibras I, que tienen una actividad electromiográfica (EMG) registrable, con un tejido conjuntivo abundante en general y en los que al menos una de sus inserciones es blanda. La función de estos músculos parietales es la de limitar un conjunto manométrico y de ofrecer un sostén o un soporte postural visceral en reposo y durante el esfuerzo. La faja abdominal, entendiendom por esta denominación al recto del abdomen, oblicuos internos y externos y tranverso, es un músculo parietal estratificado en tres planos superpuestos que comparten la misma inervación motriz (Th6-Th12), la proporción de fibras tipo I es del orden del 75%, mientras que de tipo IIb sólo dispone de un porcentaje aproximado del 4% (Boutillier and Outrequin 1982). Sus funciones son sostener y revestir los órganos digestivos, lograr una sinergia respiratoria ofreciendo un contra-apoyo al diafragma y proporcionar la amplificación hidrostática de la fascia toracolumbar. Estas funciones son esencialmente dependientes de la actividad postural no voluntaria del músculo (tono muscular). Las funciones accesorias de la faja abdominal son la sinergia de la flexión del tronco en decúbito y la espiración forzada. Estas funciones son estrictamente fásicas, voluntarias.


b) Músculos fásicos, constituidos por una mayoría de fibras tipo II con una proporción importante de fibras tipo IIb, son músculos esqueléticos que se insertan en hueso. Su trofismo depende de la coactivación αf-γf.


c) Músculos esfinterianos con forma circular, constituidos exclusivamente de fibras I en la parte para-esfinteriana y de una mezcla de fibras I y II en la parte peri-esfinteriana. Presentan actividad EMG que se puede medir en reposo, siendo ésta la actividad de las fibras I. El reclutamiento aumenta en función de la situación neurovegetativa del órgano al que están asociados. La acción fásica voluntaria está limitada en el tiempo y obedece generalmente a situaciones de urgencia.

El tipo de ejercicio aplicado a los músculos debe siempre tener en consideración el objetivo que se desea lograr (aumento de la fuerza, del trofismo o del tono muscular), su histología y las funciones principales de los mismos.
Entrenar una faja abdominal, un grupo muscular parietal tónico que suele presentar una hipotonía postural, es decir, un déficit de la actividad postural en reposo, mediante ejercicios fásicos, voluntarios y contra ciertas resistencias, lleva inevitablemente a una disminución aún más importante del tono postural (inhibición βd) con riesgo de lesión del sarcolema muscular si se realiza mediante ejercicios excéntricos con cargas. Se puede observar en ecografías el estiramiento del recto abdominal durante la elevación de tronco cuando los rectos abdominales son hipotónicos (Caufriez, 2010).

Gimnasia Abdominal Hipopresiva (GAH).
Las Técnicas Hipopresivas fueron creadas por el Doctor en Ciencias de la Motricidad y especializado en rehabilitación Marcel Caufriez a través de su dedicación a la reeducación uroginecológica.
En 1980 las denominó “Aspiración diafragmática” y a partir de ellas se construyó en laboratorio la Gimnasia Abdominal Hipopresiva© (GAH). El objetivo inicial de la GAH era buscar unos ejercicios que fuesen beneficiosos para la faja abdominal y sin efectos negativos sobre el suelo pélvico. En 2006, Caufriez, en base a la GAH, crea las Técnicas Hipopresivas aplicadas a la prevención y mejora de la salud, la estética y el rendimiento deportivo, los denominados Hipopresivos Dinámicos o Gimnasia Hipopresiva (Pinsach, 2010).

Según Marcel Caufriez, la GAH es un conjunto ordenado de ejercicios posturales rítmicos, repetitivos y secuenciales que permiten la integración y la memorización de mensajes propioceptivos sensitivos o sensoriales asociados a una puesta en situación postural particular (Caufriez, 2010). Este estadio es alcanzado al final de un período de aprendizaje que contiene, por lo menos, una decena de sesiones de, aproximadamente, una hora cada una. Disposiciones de entorno complementarias acompañan el seguimiento de esta fase: dietética con tendencia
hipotóxica, tomas de antioxidantes y respeto de las fases del sueño.

La etapa siguiente (fase de automatización) consiste para la persona o el paciente en practicar, en auto-rehabilitación, una serie de tres ejercicios (seleccionados por el terapeuta en función de su grado de buena ejecución) en series iterativas acompasadas, cada día, durante un período mínimo de 20 minutos; este entrenamiento debe proseguirse con el mismo ritmo durante varios meses. Es deseable la realización de controles mensuales de los efectos obtenidos.

Las técnicas de gimnasia hipopresiva estimulan y crean redes neuronales divergentes que provocan una serie de reacciones sistémicas a corto plazo. Algunas de ellas son la relajación postural diafragmática y la activación tónica del periné y de la faja abdominal. Esta acción es iniciada y facilitada por un bombardeo masivo de influjos propioceptivos, cinestésicos y sensoriales vehiculizados por las grandes vías aferentes de la sensibilidad, en particular las del dolor, las vías espinotalámicas directas que permiten una decodificación de urgencia y una reactividad motriz inmediata; siendo el principio teórico que los propioceptores musculares disponen de una dirección sensorial de preferencia en relación a un movimiento o a un estiramiento precisamente orientado, alargamiento de los antagonistas (Roll, 2003; Ribot and Ciscar, 2002). Puede ser considerado como la suma de las codificaciones específicas de cada músculo, solicitado por las posturas hipopresivas, la que permite una integración perceptiva, a nivel del sistema nervioso central, asegurando la memorización por la repetición rítmica.

En el terreno práctico, cada postura articular de los miembros ha sido estudiada para responder a estos criterios. Sirve de ejemplo la rotación interna de los hombros, en flexión de codos a 90º y flexión dorsal de las muñecas, al máximo de las posibilidades articulares. En fase de automatización (reflejos condicionados a la postura), la repetición diaria de los ejercicios, crea a largo plazo redes neuronales reverberantes (circuitos autoexcitadores en situación postural).

Son de gran valor las habilidades en la instrucción verbal por parte del técnico, el cual permitirá un mayor énfasis en la participación muscular durante las tareas, y con ello, un mayor aprendizaje (Karst and Willeet, 2004). Por lo tanto, también para la práctica de las técnicas hipopresivas, las instrucciones influirán directamente sobre los efectos de la misma. Beneficios de la Gimnasia Abdominal Hipopresiva (GAH).

Los ejercicios de GAH tienen una acción respiratoria, estimulan los centros espiratorios del tronco cerebral (centro pneumotáxico y centro respiratorio bulbar ventral) e inhiben los inspiratorios (centro apnéustico y centro respiratorio bulbar dorsal). En el terreno práctico, el mantenimiento de la apnea espiratoria durante la ejecución de un ejercicio provoca un estado cercano a la hipercapnia (estimulación del centro pneumotáxico) (Fung, 1994; Cohen, 1979; Hodges, 2002) y provoca una elevación del nivel de secreción de catecolaminas (acción inhibitoria dopamínica sobre el centro dorsal bulbar). Igualmente, la contracción voluntaria de los serratos mayores y de los músculos elevadores de la caja torácica (intercostales externos, escalenos, externo-cleido-occípito-mastoideo), así como la autoelongación de la columna cervical, estimulan los mecano-receptores respiratorios (inhibición de los núcleos inspiratorios).
Los centros respiratorios supraespinales tienen una acción de control tónico postural y fásico sobre los músculos respiratorios (músculos de las vías respiratorias superiores, intercostales, escalenos, externo-cleido-occípito-mastoideo, diafragma torácico, abdominales y suelo pélvico) y su activación o inhibición permite modular la tensión postural (actividad tónica) del conjunto de músculos con los que se relacionan.

La práctica hipopresiva normaliza las tensiones musculares epiméricas e hipoméricas, los parámetros fásicos (fuerza muscular, resistencia) y respiratorios (peak flow) son mejorados.
Se aprecia igualmente una incidencia positiva sobre la vascularización de los miembros inferiores (Caufriez, 1991; Snoeck, 2009) El conjunto estimulación postural - estimulación respiratoria conduce, en más o menos largo plazo (6 meses por término medio), a una tonificación significativa del suelo pélvico (aumento del 58 %, por término medio, del tono de base) y de la faja abdominal (disminución del 8%, por término medio, del perímetro abdominal) (Caufriez, 1996). De forma añadida se conoce que las funciones relativas a los sistemas de amplificación tóraco-abdomino-pelvianos son todas ellas mejoradas (Esparza, 2007). Estudios actualmente en curso parecen atestiguar un crecimiento de la resistencia celular a la acidosis y un aumento del hematocrito al esfuerzo que, en el momento actual, sólo nos atrevemos a hipotetizar que podrían ser debidos, o bien a una contracción refleja esplénica, o a una elevación de la eritropoyetina.

Tal y como indica Esparza (2007), la GAH es una de las técnicas neuromiostáticas globalistas cuyo objetivo es la regulación de las tensiones músculo-conjuntivas a distintos niveles del cuerpo humano (visceral, parietal y esquelético), constituyen un tratamiento efectivo en numerosas patologías funcionales (urinarias, digestivas, vasculares) asociadas o no a otras terapias. Utilizada como principal herramienta preventiva en el post-parto, la GAH, son un conjunto de técnicas posturales que provocan un descenso de la presión intraabdominal, una activación refleja de los músculos del suelo pélvico y de los músculos de la faja abdominal. A largo plazo, su aplicación cotidiana conduce a un aumento del tono del suelo pélvico y de la faja abdominal, reduciendo de forma significativa el riesgo de incontinencia urinaria y de descensos viscerales.

Los ejercicios hipopresivos, al ser realizados en apnea espiratoria y en determinadas posturas, logran una disminución de la actividad tónica del diafragma torácico, son facilitadores de la relajación del diafragma. Como consecuencia, cubren una serie de objetivos importantes, de cara a minimizar los riesgos intrínsecos asociados a los abdominales clásicos, como son conseguir un descenso de la presión intraabdominal durante el ejercicio con la consiguiente tonificación vía refleja de la faja abdominal y de la musculatura perineal y además, crean también
una succión sobre las vísceras pélvicas por el ascenso diafragmático disminuyendo la tensión ligamentosa (Esparza, 2002).
Es sobradamente conocida la prescripción de GAH en el post-parto por las ventajas que ofrece en la recuperación de suelo pélvico, en la prevención y tratamiento de las disfunciones asociadas y en la reducción de la cintura. Pasado el puerperio se aconsejaría realizar ejercicios de GAH para mejorar el esquema corporal y mantener las mejores condiciones musculares posibles.


En un estudio realizado por Esparza (2007) sobre una muestra de 100 mujeres, de una media de edad de 36 años, con hipotonía de suelo pélvico e incontinencia urinaria de esfuerzo se constató mediante tonimetría que la práctica de ejercicios de GAH, 20 minutos diarios durante 6 meses, producía un aumento del tono muscular del suelo pélvico con un incremento del tono de base (I.I.I.) de un 58% y del tono de carga (capacidad de amortiguación) de un 48%.
De forma añadida, el estudio aporta datos del aumento de la fuerza contráctil en un 20% y una disminución del perímetro de la cintura del 6% (p= 000,3). Por lo tanto, se evidencia el aumento del tono de base a través de la GAH e incluso la reducción de cintura atendiendo a objetivos tanto patológicos o preventivos como a factores estéticos.
Resultados parecidos se aprecian en población mayor de 60 años a través del estudio de Fernández, (2007), donde una población de una media de edad de 68,5 años, entrenando 4 veces semana 20 minutos, durante un periodo de 6 meses, aumentaron el tono de base el 23,5%, el tono de carga el 25,3% y el bloqueo perineal al esfuerzo el 108,4%. En la aplicación de las Técnicas Hipopresivas a grupos de ambos sexos mayores de 60 años, éstas se muestran como una herramienta adecuada para solucionar la incontinencia puesto que, en un 85,7% de los casos, se produjo una disminución o incluso una desaparición completa de sus síntomas de incontinencia urinaria (de esfuerzo o mixta) medida mediante el cuestionario ICIQ-SF. En otras investigaciones al respecto (Caufriez, 2006), se aprecia que, con la práctica de ejercicios de GAH durante 10 semanas, 1 hora por semana, se logran unas mejoras posturales evidentes puestas de manifiesto por un reposicionamiento de la proyección del eje de gravedad,
una disminución de las flechas lordóticas lumbar (p=99,9%) y cervical (p=99,8 %) y una disminución de la cifosis dorsal (p=99,5%) mientras que las desviaciones laterales también resultan significativamente menos importantes (p=96%). El sentimiento de confort postural aumenta significativamente (mejor movilidad, mayor flexibilidad, menor pesadez, menos dolor)(p=95%).

Un reciente estudio longitudinal intergrupos, llevado a cabo por la Universidad de Santiago y la de Vigo, con 126 mujeres de edades comprendidas entre 25 y 60 años (media de edad 42,8 años) que realizaron a lo largo de 14 semanas, con una frecuencia de 3 días semanales, 30 minutos de ejercicios para el fortalecimiento abdominal. Ha mostrado, en el grupo que realizaba ejercicios abdominales hipopresivos, una reducción significativa del perímetro de la cintura de 3,5 cm de media y una disminución de la incontinencia urinaria de 2,8 puntos de media, siendo ésta evaluada a través del cuestionario específico para la detección de IU ICIQ-SF en su versión española (Espuña et al.,2004). Esto equivale, en algunos casos, a la desaparición de las pérdidas de orina (Rial and Pinsach, 2010).

Otro de los beneficios que se le otorga a la práctica de GAH es su repercusión sobre la flexibilidad lumbar, aspecto evaluado por Galindo and Espinoza (2009), que confirma el interés de dichas técnicas hipopresivas para mejorar la flexibilidad de la columna lumbar y de los miembros inferiores. Además, mediante análisis electromiográfico se muestra la mejora en el tiempo de activación de transverso y del oblicuo interno (Galindo and Espinoza, 2009).

Por lo tanto podemos resumir los principales efectos de la GAH:
- Tonificación de los músculos de la faja abdominal y del suelo pélvico.
- Disminución de la congestión de la pelvis menor.
- Normalización estática y biomecánica visceral pelviana.
- Activación ortosimpática.
- Normalización postural global.


Conclusiones
Durante la ejecución de ejercicios de encogimiento abdominal existe un incremento de la presión intrabdominal que debe ser bien gestionada. Su inadecuada y reiterada mala gestión puede provocar alteraciones y riesgos para el suelo pélvico, la propia pared abdominal y el diafragma.
Las técnicas hipopresivas han sido desarrolladas para la rehabilitación post-parto, obteniendo excelentes resultados (beneficios uro-ginecológicos). En los últimos años, se han investigado estas técnicas dentro del espectro del ejercicio saludable y estético. Esta nueva línea de investigación, apunta una posible herramienta en el entrenamiento de la musculatura abdomino-perineal. La ciencia reciente, está produciendo evidencias que apuntan un efecto positivo de las TH o GAH sobre la reducción del perímetro de cintura, de la incontinencia urinaria y en la mejora del tono de base abdomino-perineal. No obstante, se recomienda profundizar en la investigación de dichas técnicas y en los beneficios que hasta el momento han sido descritos.

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